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La víctima del trastorno narcisista

Detalles

Las víctimas son envidiadas por la felicidad que irradian. Al principio, durante la seducción, el narcisista percibe a su víctima como un objeto que brilla. Poco importa quién sea, lo que le interesa es que sea manipulable, alguien que pueda dominar y explotar, y convertir en fuente de recursos y suministro para si mismo. En el momento en que decrete que va a devaluarla, que será cuando ella lo logre desenmascarar,   se dé cuenta de cómo es, es cuando él  la convertirá en objeto de su odio y maldad. Su sentido de responsabilidad, su deseo de ayudar a otros, su carácter compasivo. Estas son las víctimas ideales. Observará sus rasgos de personalidad, y si los encuentra atractivos, se los apropiará para él, formarán parte de su construcción. También considerará, acorde a su talante explotador, otros beneficios que puede aportarle la víctima en términos de fachada, influencia, dinero, estatus, etc.

El narcisista, sádicamente, se aprovecha de las vulnerabilidades que percibe, justo donde puede causar más daño y desolación. Por eso es que las secuelas de la agresión narcisista son tan devastadoras para el que las sufre. 

El golpe maestro es afirmar que la víctima es su cómplice por haber permitido la agresión que sufre, eso es culpabilizarla y dejarla paralizada.

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