Publicado: 3 de Octubre de 2013

Por Rafael Santandreu

..."Muchas veces, me preguntan en mis conferencias por el tema de la autoestima. Me suelen decir:

- Es que tengo muy baja autoestima. ¿Cómo podría subirla? 

Yo les suelo contestar que no existe tal problema.
- Yo no la tengo ni alta ni baja. Tengo la que tiene todo el mundo, la correcta. 

¿Qué quiero decir con esto? Que todo el problema de la autoestima es una tremenda equivocación. Las personas no deberíamos tener una alta autoestima sino que deberíamos valorarnos todos como el resto de los seres humanos: como seres maravillosos por el hecho de ser seres humanos. 

Es algo parecido a nuestra visión de los animales salvajes. Los animales en libertad son todos, más o menos, igualmente bellos e impresionantes. Prácticamente todos tienen las mismas cualidades innatas: un águila majestuosa es igualmente majestuosa a otra. Una leona es como cualquier otra: magnífico animal que caza y reina en la selva. ¿Por qué los hombres se asignan diferencias tan grandes entre ellos mismos? No tiene sentido. 

Yo creo que los seres humanos tienen todos el mismo valor. Son igualmente bellos y magníficos. De verdad lo creo. Y, básicamente, somos así de buenos por nuestra mejor y más característica cualidad como especie: nuestra gran capacidad de amar. Y es que el problema de la autoestima se resuelve dejando de valorar a los demás según criterios diferentes a nuestra capacidad de amar. 

Cuando valoro a los demás según sus habilidades o características: ser guapo, rico, listo, cumplidor… estoy dándole importancia a minucias, a cuestiones sin importancia que no nos definen como especie. Además, cuando valoro cualidades diferentes a la capacidad de amar me subo a la montaña rusa de la autoestima. 

Cuando los demás me evalúen con notas altas, me sentiré bien… cuando me evalúen con notas bajas, me sentiré mal, creeré que no valgo, que soy inferior. Es mucho mejor no valorar a nadie (ni a uno mismo), darle a todo el mundo el mismo valor, considerar que todos los seres humanos son maravillosos por el hecho de serlo. Entonces, también me aceptaré a mí mismo incondicionalmente".

RAFAEL SANTANDREU