La llave del ayer puede ser el lastre del presente

...un viajero que cruzando unas tierras inhóspitas y salvajes, se topó con un río infranqueable. El hombre se dio cuenta inmediatamente de que estaba en un serio apuro porque, por un lado, las aguas eran profundas y turbulentas, batidas por una corriente violenta que habían arrancado el único puente que había en muchos kilómetros; pero por si esto fuera poco, la orilla en la que se encontraba atrapado resultaba terriblemente peligrosa: abundaban allí los lobos y los bandoleros, la tierra era pantanosa y no había nada que comer. El viajero, tras varios días agazapado entre las ramas de un árbol, exhausto y hambriento, tuvo de pronto una idea que le hizo saltar de júbilo: haría una balsa. Trenzaría ramas y juncos, las ataría con los jirones de su ropa y se lanzaría al río. La corriente era fuerte, es cierto, pero él remaría con los brazos y las piernas y, aunque fuera arrastrado muchos kilómetros río abajo, en algún momento conseguiría llegar sano y salvo a la otra orilla.Y eso fue exactamente lo que hizo. A toda prisa confeccionó una frágil balsa con la que se aventuró entre las aguas sucias y salvajes. Y tras mucho remar, mucho temer, mucho rezar y mucho sufrir, consiguió llegar a la otra orilla. El hombre, presa de una alegría y un agradecimiento que cualquiera de nosotros podrá entender, abrazó la balsa, besó sus enmarañadas ramas y la apretó contra si:- ¡Gracias a ti he salvado la vida! –decía. ¡He salido del mayor aprieto en que jamás me haya encontrado! ¡A partir de ahora te llevaré siempre conmigo para salvar todas las dificultades que me encuentre! Y diciendo esto, el hombre la cargó pesadamente sobre su espalda y continuó fatigosamente su camino, llevándola siempre consigo, a través de llanuras, montañas y desiertos. Y por más que el sudor le cegara la vista y sus piernas temblaran bajo el enorme peso, él nunca la soltó. Es muy probable que la decisión del viajero de nuestro cuento nos parezca insensata y hasta cómica: ¿Qué sentido tiene arrastrar una balsa de juncos a través de un árido e interminable desierto? ¿No hubiera resultado más apropiado cargar con reservas de agua, que con un inútil amasijo de ramas? Sin duda. Y sin embargo ¿cuántas balsas vamos arrastrando por la vida cada uno de nosotros? Autor: Manuel Vitutia.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  QUIERES AYUDARTE????
       CONSULTARNOS NUESTRAS TÉCNICAS INNOVADORAS Y                   EFICACES!!!

Publicado: 10 de Abril de 2014